Rebuscando en mis libretas

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He encontrado uno de los primeros poemas que te escribí…

Y llegaste tú

como una mañana de Navidad:

sin previo aviso,

con la luz justa,

con esa calma que no hace ruido

pero lo transforma todo.

Pertenecemos al lugar

donde no existe el miedo a mostrarnos tal cual somos.

Sin disfraces.

Sin defensas.

Ahí, exactamente ahí,

es donde te siento.

Me gustas como para pasarme la vida contigo.

Me gustas como para contarte todos mis secretos

y dejarte cuidar de mis hijos en casa.

Me gustaste desde el primer instante,

aunque intenté convencerme de que quizá no era para tanto.

Quizá no lo sea.

Quizá lo sea todo.

Quizá sea para toda la vida.

O tal vez no.

Tal vez me ames tanto como yo.

Tal vez te ame más de lo que puedo decir.

No te pido que te quedes.

No me pidas que deje de quererte.

Me siento cansada y asustada.

Estamos más lejos de lo que me gustaría…

pero ahora, antes de que me vaya,

abrázame.

Mi corazón necesita escuchar al tuyo.

Por suerte, existes.

Y por suerte, aún mayor, no solo existes,

sino que te colocas aquí,

justo al lado de todo lo que está lejos,

para hacerlo cercano.

Y por suerte, todavía más,

no solo existes ni solo te quedas aquí,

sino que es en ese lugar exacto

donde me haces pensar que merezco habitarme,

conocer mis propios rincones

y saber mirarte incluso cuando cierro los ojos.

Como un sueño.

Como ese sueño que aparece

en el momento preciso

en el lugar que tú ocupas.

Te voy a querer bonito.

Porque hay personas como tú que lo merecen.

Que merecen que se les llene la vida de luz

y se les borren los sabores amargos del pasado.

Que merecen sonrisas nuevas

y ojos brillando como cometas cruzando el cielo.

Te voy a querer bonito,

sin pedirte nada a cambio,

sin exigencias,

sin condiciones disfrazadas de promesas.

Como quien llega para reparar alegrías,

para acariciar fuerte las tristezas,

los defectos, las cicatrices

y también los miedos.

Te voy a querer bonito

aunque no seas el amor de mi vida,

aunque solo seas un instante,

un parpadeo,

aunque mañana extiendas tus alas

y vueles hacia otros cielos,

aunque alguien más te prepare el café

y te tome de la mano al caminar.

Te voy a querer bonito:

a escribirte las cartas que nadie se atrevió,

a regalarte las sorpresas que te quedaron a deber,

a dedicarte la poesía que no te escribieron,

a llevarte a mil parques

y hacer que vuelvas a creer en el amor de antes,

en ese que parecía no acabarse nunca.

Te voy a querer tan bonito

como debieron hacerlo contigo desde el inicio.

Tan bonito

que ojalá me alcance

para convencerte cada día

de que en mi pecho

podrías hacer tu casa

y quedarte

el tiempo que así lo prefieras.

Si te quedas y me dejas quererte,

te juro que las mejores casualidades

serán nuestras miradas cada mañana.

Escribiré por ti mientras me susurras al oído,

me quedaré cinco minutos más antes de ir al trabajo

y llevaré tu foto en mi salvapantallas.

Si te quedas,

le daremos forma a la palabra destino

y la convertiremos en un diario.

Escribiré cada día una posdata,

mil versos,

una coma o un acento,

para darle vida a las palabras que me inspiras,

igual que tú le das sentido a la mía

con solo sonreír.

Hablemos de un nosotros.

Porque arriesgarse

es otra forma de decir “te quiero”.

Y yo me arriesgo.

Me quedo.

Para construir,

para sonreír a tu lado,

para ser, contigo,

un nosotros.

4 de septiembre de 2023

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